Saber conducir bien puede hacerte un gran piloto en el circuito, pero en la carretera eso no es suficiente. Para ser un verdadero conductor responsable, hay que dominar el respeto, aumentar la empatía y mantener el autocontrol al máximo.
En Autoescuela Guanche te desvelamos el decálogo del buen conductor;
1.- Conoce y cumple las normas:
Las carreteras españolas están llenas de conductores que no siempre respetan las normas, como reflejan los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), que en 2023 tramitó más de cinco millones de denuncias. Ante esta realidad, cabe preguntarse: ¿se infringen las normas por desconocimiento? Algo de verdad hay en ello. Un estudio del Instituto de Investigación en Tráfico y Seguridad Vial (INTRAS) de 2009 sometió a más de 2.000 conductores a un nuevo examen teórico del permiso B, y el 96,5% no logró aprobar, muchos con más de la mitad de las respuestas erróneas. Más recientemente, en 2024, un informe de Línea Directa reveló que casi la mitad de los conductores ignora que, desde marzo de 2022, ya no está permitido superar en 20 km/h el límite de velocidad al adelantar en carreteras convencionales.
Sin embargo, conocer una norma no siempre significa comprenderla. Así lo señala María Collado, psicóloga experta en seguridad vial y formadora en cursos de recuperación de puntos: “Saber qué dice una norma no es lo mismo que entender por qué existe. Muchas infracciones ocurren porque no se percibe su utilidad”. Patricia Pérez Fernández, psicóloga del Observatorio Nacional de Seguridad Vial (ONSV) de la DGT, añade otro factor: la desobediencia intencionada. “Las normas se incumplen cuando no se considera que tengan un propósito claro o se perciben como excesivas”, explica.
Sea por desconocimiento o por falta de confianza en las normas, saltárselas no es una decisión que afecte solo a quien la toma. Como recuerda María Collado: “El respeto a las normas es la base de la convivencia en la carretera. Si no las cumplimos, no podemos anticipar cómo actuarán los demás ni evitar situaciones de riesgo”.
2.- Concentración en la carretera:
Las distracciones siempre han jugado un papel clave en los accidentes de tráfico, pero con la irrupción de las nuevas tecnologías, su impacto ha ido en aumento hasta convertirse en el factor más frecuente en los siniestros mortales. En 2023, estuvieron presentes en el 30% de estos accidentes.
Y lo más preocupante es que el problema no deja de crecer. Durante la campaña especial de control y vigilancia de la DGT sobre distracciones, realizada en octubre de 2024, el número de conductores denunciados aumentó un 10% respecto al año anterior. De estas denuncias, casi la mitad fueron por el uso del teléfono móvil al volante.
Luis Montoro, catedrático de Seguridad Vial en la Universidad de València, clasifica las distracciones en tres grandes grupos: “Las que vienen del entorno, cada vez más complejo; las que tienen su origen en el propio conductor, como el estrés o los problemas personales; y, por último, las derivadas de las nuevas tecnologías, tanto las incorporadas en los vehículos (navegadores, sistemas ADAS…) como, sobre todo, el teléfono móvil, un desencadenante letal de distracciones”. Según Montoro, la mejor herramienta para combatir este riesgo es la formación y la concienciación sobre sus causas y consecuencias.
3.- Respeto por todos los usuarios:
La proliferación de medios de transporte individuales y colectivos, tanto privados como públicos, junto con la influencia de los algoritmos en redes sociales, ha alimentado una especie de «guerra» en el tráfico. Coches contra bicicletas, bicicletas contra coches, motos contra coches, peatones contra patinetes… En medio de este conflicto, a menudo se nos olvida un principio básico para la seguridad vial: el respeto por los demás. “Todos tenemos el mismo derecho a circular por las vías”, recuerda María Collado. El verdadero peligro surge cuando esa rivalidad se traslada a la carretera y se pierde de vista algo esencial: “Nuestra obligación de respetar el derecho a la vida de los demás”.
Precisamente sobre esta idea se construye la campaña ‘CONvivencia Vial Urbana’, presentada por la Fundación Española para la Seguridad Vial (FESVIAL) y la empresa de transporte de pasajeros Alsa, con el respaldo de la Dirección General de Tráfico. Para Ignacio Lijarcio, vicepresidente de FESVIAL, el tráfico refleja el comportamiento de la sociedad, y lo que predomina actualmente es una actitud excesivamente individualista. “Yo como peatón, yo como usuario de patinete, yo como conductor… y todo lo que no encaje con mi derecho me molesta”.
Esta mentalidad del ‘yo’ choca de frente con la necesidad de una convivencia pacífica en las calles. “Tenemos que empezar a pensar en el ‘nosotros’, porque no siempre es posible separar espacios exclusivos para cada usuario. Aprender a compartir es clave”, señala Lijarcio. ¿Cómo lograrlo? “No es sencillo, el modelo de movilidad ha cambiado mucho en poco tiempo. Pero más allá de sancionar, es fundamental que las autoridades refuercen la educación vial con campañas dirigidas a todos los usuarios”, concluye.
4.- No conduce de forma agresiva:
Estrés, ansiedad, prisas… Son parte del día a día en nuestra sociedad. Y cuando nos ponemos al volante, todo ese cúmulo de tensiones puede transformarse en hostilidad. Según el informe Influencia de la agresividad en los accidentes de tráfico, publicado en 2018 por la Fundación Línea Directa en colaboración con el INTRAS, la agresividad multiplica por diez el riesgo de sufrir un accidente grave con víctimas y por treinta el de verse involucrado en un siniestro con heridos de gravedad.
Patricia Pérez, psicóloga del Observatorio Nacional de Seguridad Vial (ONSV), señala que la conducción puede intensificar ciertas emociones y favorecer una actitud más agresiva: “Factores como los atascos o la dificultad para encontrar aparcamiento pueden aumentar el estrés, lo que ralentiza la percepción, dificulta la toma de decisiones y eleva el riesgo de distracción o de reaccionar de forma hostil”.
En muchos casos, esa hostilidad surge de la tendencia a responsabilizar a los demás: “Es más fácil señalar los errores ajenos que hacer autocrítica, porque reconocer fallos propios puede afectar a la imagen que tenemos de nosotros mismos”, explica Pérez.
Para reducir estos episodios y conducir de forma más segura, la psicóloga recomienda identificar las situaciones que pueden afectar nuestro comportamiento al volante y adoptar hábitos que ayuden a gestionarlas mejor. Entre ellos, destaca la importancia de dormir bien, llevar un estilo de vida saludable y planificar los desplazamientos con tiempo suficiente para evitar el estrés de última hora.
5.- Es empático con todos los demás:
La empatía, definida como la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender sus emociones, es un valor esencial en la convivencia, también en la carretera. Pero, ¿por qué es tan importante al volante? Según Patricia Pérez, “las conductas antisociales están detrás de muchos siniestros viales”. María Collado refuerza esta idea: “No solo compartimos la vía, sino también la responsabilidad y los riesgos. Cada decisión que tomamos puede tener consecuencias físicas, económicas, familiares o legales… y algunas pueden ser irreversibles”.
Si la seguridad depende en gran medida de nuestra actitud, ¿por qué nos cuesta ser empáticos al conducir? Pérez señala un factor clave: “El coche, en particular, crea una sensación de anonimato y de distancia emocional con los demás, lo que facilita que actuemos con menos autocontrol. Está demostrado que personas que en su día a día son empáticas, en el tráfico pueden adoptar un comportamiento mucho más frío e indiferente”.
Practicar la empatía también implica intentar comprender las situaciones de los demás. “Quizá el conductor de delante circula más despacio porque tiene una razón que desconocemos. En cualquier caso, deberíamos ser capaces de tolerarlo”, concluye Pérez.
6.- Conciencia Sostenible:
La Estrategia de Seguridad Vial 2030 de la DGT tiene un objetivo claro: avanzar hacia una movilidad segura con la meta de que, en 2050, no haya víctimas mortales ni heridos graves en siniestros viales. Para lograrlo, se basa en varios principios, entre ellos el de seguridad sostenible, que defiende el derecho de toda la ciudadanía a desplazarse en condiciones seguras y con el menor impacto ambiental posible.
Garantizar una movilidad sostenible implica que cualquier persona pueda moverse de forma segura y eficiente sin perjudicar su entorno. Pero la sostenibilidad va más allá. “No se trata solo de reducir emisiones, sino también de garantizar un tráfico fluido, un reparto equitativo del espacio público y un uso responsable de los recursos”, explica Ignacio Lijarcio, de FESVIAL.
¿Quiere decir esto que debemos dejar de usar el coche? “No en todas partes es viable”, matiza Lijarcio. “Pero en ciudades y localidades con alternativas, podemos empezar a replantearnos su uso. Hay transporte público, podemos caminar, ir en bicicleta o usar otros medios más sostenibles, que además nos pueden hacer ahorrar tiempo y dinero, reducir emisiones y ocupar menos espacio. Lo mismo ocurre con los desplazamientos al trabajo: compartir vehículo es otra opción a considerar”.
7.- Protege a los usuarios vulnerables:
Según el balance de siniestralidad vial de 2023, el 53% de las víctimas mortales fueron usuarios de medios vulnerables, colectivos sobre los que la DGT -y otras entidades de la seguridad vial- lleva poniendo el foco durante años debido a la menor protección con que se enfrentan a las vicisitudes del tráfico. “En las ciudades, por ejemplo, compartimos espacios con bicicletas o patinetes de reparto que llevan una velocidad reducida. Por mucha prisa que tengamos, hay que cuidarlos de forma especial, porque cualquier percance puede tener consecuencias graves para ellos”, afirma Ignacio Lijarcio.
También son vulnerables las personas “que tienen movilidad reducida, o que van con un carrito de bebé, o que necesitan cualquier apoyo (bastones, andadores…) para moverse. Al igual que con las personas mayores que conducen y no tienen las mismas cualidades. Hay que llevar el cumplimiento de la norma a la diversidad funcional que puede tener cada uno de los perfiles con los que interactuamos. La tolerancia, el respeto y la solidaridad tienen que estar presentes en el tráfico”, concluye Lijarcio.
8.- Conducción preventiva:
Más que una simple muestra de civismo, la conducción preventiva —o defensiva— es una auténtica herramienta de protección, tanto para quien conduce como para quienes le rodean. Juan Ignacio Serena, Coordinador Especialista de Formación de la DGT, lo explica así: “Se basa en la observación y en mantener la atención en todos aquellos estímulos que puedan influir en nuestra seguridad y en la de los demás usuarios de la vía”.
La clave está en la anticipación: “Se trata de prever posibles imprevistos, evaluar su probabilidad y estar preparados para reaccionar de la forma más adecuada para evitar riesgos”.
Conducir de manera preventiva implica mantener una doble perspectiva: atención al detalle en el corto plazo y visión global a largo plazo. Serena pone un ejemplo claro: “Si circulamos por el carril derecho en una rotonda con varios carriles, es fundamental vigilar los vehículos que se aproximan desde la izquierda. No es raro que alguno salga de la glorieta desde un carril interior sin señalizar, cruzándose en nuestra trayectoria. Por eso, debemos prestar especial atención al espejo izquierdo: observando su velocidad y trayectoria, podemos intuir su próximo movimiento y reaccionar a tiempo”, concluye.
9.- Al volante, da siempre tu mejor versión:
Si una noche dormimos mal, es posible que al día siguiente estemos menos atentos en el trabajo, olvidemos una cita o decidamos saltarnos el gimnasio. No pasa nada. Pero cuando se trata de conducir, la falta de sueño puede tener consecuencias graves. La somnolencia está relacionada con entre el 15 % y el 30 % de los siniestros viales y está presente en aproximadamente el 7 % de los accidentes mortales. Esto, en un país donde alrededor del 30 % de la población sufre algún trastorno del sueño. Al volante, el cansancio afecta nuestras capacidades: ralentiza los tiempos de reacción, nubla el juicio, aumenta la agresividad y favorece las distracciones. Problemas que, en muchos casos, se podrían evitar simplemente durmiendo más.
El alcohol es otro de los grandes factores de riesgo en la carretera. En 2023, fue la segunda causa más frecuente en accidentes mortales en España. Según estimaciones del INTRAS, desde 1950 hasta la actualidad, unas 100.000 personas han perdido la vida en nuestro país debido a la combinación de alcohol y conducción. “El problema —advierte Luis Montoro— es que el consumo de alcohol está muy arraigado en nuestra sociedad. Frases como ‘yo controlo, aunque me haya tomado unas cervezas’ o ‘he conducido muchas veces después de beber y nunca ha pasado nada’ suelen ser el inicio de muchas tragedias”. A esto se suma otro dato preocupante: “Se estima que en España hay alrededor de cuatro millones de personas con problemas graves de consumo de alcohol. Son enfermos que necesitan tratamiento”, concluye Montoro.
10.- Debemos conocer nuestras limitaciones:
Todos hemos oído a alguien presumir de su habilidad al volante, alardeando de haber reducido tiempos de viaje como si fuera una hazaña. Y lo cierto es que, en más de una ocasión, muchos hemos pisado el acelerador más de la cuenta, confiando en que no pasará nada. Pero ese exceso de confianza puede tener consecuencias fatales. En 2023, la velocidad fue el tercer factor más citado en los informes de siniestros mortales, estando presente en el 24 % de los casos. Un problema de siempre, pero con nuevas justificaciones. “Vivimos en una sociedad donde la rapidez es un valor en sí mismo, y eso se traslada a la conducción. Además, los avances tecnológicos en los vehículos y el buen estado de las carreteras nos hacen perder la sensación real de velocidad. No somos conscientes de la fuerza devastadora que puede generar un impacto: a 50 km/h, el choque equivale a caer desde un tercer piso; en una colisión frontal a 80 km/h, las probabilidades de que haya víctimas mortales son altísimas”, advierte Luis Montoro.
Aun así, muchas personas siguen creyendo que a ellas no les va a ocurrir nada. ¿Por qué nos sentimos inmunes al peligro? “Forma parte de nuestra propia supervivencia. No podemos estar pensando todo el tiempo en que algo malo va a pasarnos. Pero esa seguridad, que en otros contextos es útil, en la conducción puede llevarnos a asumir riesgos innecesarios”, explica María Collado. Además, apunta a una cuestión biológica: “Nuestro cerebro está diseñado para procesar información a velocidades entre 4 y 15 km/h, que es nuestro rango natural de movimiento. Sin embargo, hoy viajamos a 120 km/h o más, y en esas condiciones es mucho más fácil cometer errores. Aun así, nuestro sesgo cognitivo nos hace creer que tenemos el control sin importar la velocidad”.
